Voy a darles algunas buenas razones para rechazar la reelección indefinida que se nos viene... y toda reelección, indefinida o no.
Creo firmemente que deberíamos expulsar de todas las constituciones las reelecciones, sea por una sola vez o por toda la eternidad, como lo andan imponiendo nuestros monárquicos socialistas del siglo XIX (perdón.... XXI).
Que un presidente (o cualquier funcionario de elección popular) busque la reelección, es ya de por sí abusivo, irritante y hasta obsceno: un insulto para cualquier ciudadano de inteligencia media. Y es que el Reelegible de turno -se ha dicho mil veces ya- de entrada se lanza al partido con la cancha inclinada a su favor: normalmente ya es figura pública conocida, utiliza el espacio de la "inauguración de las obras del gobierno" siempre como mecanismo de campaña electoral camuflada y pagada con fondos públicos (lo cual además es inmoral);siempre se da forma de utilizar de forma velada los fondos, los autos, la infraestructura y a los funcionarios públicos bajo su mando como fuerza de respaldo; y además de todo esto,está la forma de financiamiento electoral y partidario que, en los tiempos que vivimos, se ha vuelto corriente: utilizar las coimas de los contratos públicos.
Si a esto se le suma que hay casos -como el ecuatoriano en el presente- donde el partido de gobierno controla impúdicamente todas las instituciones del Estado, quien quiera enfrentar con una ligera posibilidad de éxito al "Reelegible", debe batallar contra un monstruo de cien cabezas: una Asamblea cambiando las reglas del juego electoral para beneficiar al partido de gobierno cuando quiere, un Consejo Electoral que funciona descaradamente como una oficina más del palacio de gobierno, una justicia electoral y constitucional de la que no se puede esperar sino de milagro que cumplan con primer deber que tiene todo juez: fallar de manera independiente e imparcial; una Secretaría de Información encargada de manejar el gigantesco aparato propagandístico estatal para promocionar al candidato o candidatos del partido y atacar a sus rivales
Entendámoslo de una vez: toda reelección es tramposa, y las democracias de este siglo XXI deben reaccionar contra estas mafias "reeleccionistas" y expulsar esta institución perversa de sus constituciones de una vez por todas.
JLM / octubre 31 de 2014
Creo firmemente que deberíamos expulsar de todas las constituciones las reelecciones, sea por una sola vez o por toda la eternidad, como lo andan imponiendo nuestros monárquicos socialistas del siglo XIX (perdón.... XXI).
Que un presidente (o cualquier funcionario de elección popular) busque la reelección, es ya de por sí abusivo, irritante y hasta obsceno: un insulto para cualquier ciudadano de inteligencia media. Y es que el Reelegible de turno -se ha dicho mil veces ya- de entrada se lanza al partido con la cancha inclinada a su favor: normalmente ya es figura pública conocida, utiliza el espacio de la "inauguración de las obras del gobierno" siempre como mecanismo de campaña electoral camuflada y pagada con fondos públicos (lo cual además es inmoral);siempre se da forma de utilizar de forma velada los fondos, los autos, la infraestructura y a los funcionarios públicos bajo su mando como fuerza de respaldo; y además de todo esto,está la forma de financiamiento electoral y partidario que, en los tiempos que vivimos, se ha vuelto corriente: utilizar las coimas de los contratos públicos.
Si a esto se le suma que hay casos -como el ecuatoriano en el presente- donde el partido de gobierno controla impúdicamente todas las instituciones del Estado, quien quiera enfrentar con una ligera posibilidad de éxito al "Reelegible", debe batallar contra un monstruo de cien cabezas: una Asamblea cambiando las reglas del juego electoral para beneficiar al partido de gobierno cuando quiere, un Consejo Electoral que funciona descaradamente como una oficina más del palacio de gobierno, una justicia electoral y constitucional de la que no se puede esperar sino de milagro que cumplan con primer deber que tiene todo juez: fallar de manera independiente e imparcial; una Secretaría de Información encargada de manejar el gigantesco aparato propagandístico estatal para promocionar al candidato o candidatos del partido y atacar a sus rivales
Entendámoslo de una vez: toda reelección es tramposa, y las democracias de este siglo XXI deben reaccionar contra estas mafias "reeleccionistas" y expulsar esta institución perversa de sus constituciones de una vez por todas.
JLM / octubre 31 de 2014
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