Apareció en el
dormitorio justo cuando empezaba a conciliar el sueño. La miraba desde detrás
de la ventana, con esos ojos que proyectaban luz y llenaban la alcoba con todo
su inmenso poder. Sintió un punzón como de hielo y cristales rotos bajándole
por la espalda, apoderándose por dentro de todas sus entrañas. Tras una
eternidad se fue quedando dormida. Pasó de la conciencia de la vigilia para despertarse en esa otra conciencia que
se nos abre en los sueños. Aunque el terror seguía ahí, sintió que sus ojos
penetraban la oscuridad y la alcoba se llenó de una luz agobiante. Se sintió
muy vulnerable; después de todo, la mucha luz como la mucha oscuridad,
despiertan el mismo miedo: el miedo de no poder ver, el miedo de la ceguera.
Con sus últimas fuerzas, aferró las cobijas con su garra de centella y se
cubrió esos ojos de mirar el infinito.
JLM (Di minutos - 2011)
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