Y para variar, nuestro Princeso termina su rimbombante discurso de inauguración del edificio de UNASUR (la base de los power rangers sudamericanos) con su originalísima frase "¡Hasta la victoria siempre!"...
"¡Hasta la victoria siempre!"... qué consignita... la de los que no saben, no quieren, no han aprendido a perder nunca; la consigna del típico picado que cuando niño era capaz de llevarse la pelota antes de terminar el partido si su equipo iba perdiendo.
"¡Hasta la victoria siempre!"... veo a este hombre y lo siento cada vez más lejano, más encumbrado en la gloria de espumaflex que le han construido los inefables hermanitos Alvarado a fuerza de sabatinas y cadenas nacionales para que pueda entrar en la historia (aunque sea a patadas).
¿Será que alguna vez, antes de que sea tarde, alcanza a darse cuenta de toda la miseria de la que está construido todo culto a la personalidad? ¿Será que Alianza País intenta algún día llegar a ser algo más que "el correísmo"?
Cuando anunciaba hace seis años la nueva Constitución, (esa que debía durar 300 años, esa que vendía con labia de curandero promocionando el remedio para todos los males en feria de pueblo), hacía ya uso de esos discursos llenos de superlativos y exageraciones; él tal vez no era plenamente consciente, pero en las tarimas imitaba a cierto megalómano austríaco que en su momento habló de que con Él se iniciaba "el Reich de los mil años".
Él sueña con llegar a ser Alfaro... más grande que Alfaro. Olvida que los dictadores pasan, que para bien o para mal el pueblo llano se va educando y deja de creer en (y buscar) mesías. Que dentro de pocos años el correísmo será solamente otro trago amargo de esos que aprendimos los ecuatorianos a tragarnos, en nuestra impenitente búsqueda de una verdadera democracia... como en su momento nos tragamos ya el floreanismo, el urbinismo, el garcianismo, el alfarismo, el febrescorderismo y cinco velasquismos.
A veces ganamos. A veces perdemos.
Los dictadores pasan. Los pueblos quedan.
"¡Hasta la victoria siempre!"... qué consignita... la de los que no saben, no quieren, no han aprendido a perder nunca; la consigna del típico picado que cuando niño era capaz de llevarse la pelota antes de terminar el partido si su equipo iba perdiendo.
"¡Hasta la victoria siempre!"... veo a este hombre y lo siento cada vez más lejano, más encumbrado en la gloria de espumaflex que le han construido los inefables hermanitos Alvarado a fuerza de sabatinas y cadenas nacionales para que pueda entrar en la historia (aunque sea a patadas).
¿Será que alguna vez, antes de que sea tarde, alcanza a darse cuenta de toda la miseria de la que está construido todo culto a la personalidad? ¿Será que Alianza País intenta algún día llegar a ser algo más que "el correísmo"?
Cuando anunciaba hace seis años la nueva Constitución, (esa que debía durar 300 años, esa que vendía con labia de curandero promocionando el remedio para todos los males en feria de pueblo), hacía ya uso de esos discursos llenos de superlativos y exageraciones; él tal vez no era plenamente consciente, pero en las tarimas imitaba a cierto megalómano austríaco que en su momento habló de que con Él se iniciaba "el Reich de los mil años".
Él sueña con llegar a ser Alfaro... más grande que Alfaro. Olvida que los dictadores pasan, que para bien o para mal el pueblo llano se va educando y deja de creer en (y buscar) mesías. Que dentro de pocos años el correísmo será solamente otro trago amargo de esos que aprendimos los ecuatorianos a tragarnos, en nuestra impenitente búsqueda de una verdadera democracia... como en su momento nos tragamos ya el floreanismo, el urbinismo, el garcianismo, el alfarismo, el febrescorderismo y cinco velasquismos.
A veces ganamos. A veces perdemos.
Los dictadores pasan. Los pueblos quedan.
6-12-2014
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